Sentir para sanar

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Por Valeria Núñez

Con el paso del tiempo, he llegado a un lugar en el que recordar con amor y no con dolor ha sido posible.

Mi mamá siempre dice que lo único que no tiene solución en la vida es la muerte. Tal vez es cierto, o tal vez es su forma de ser positiva y optimista, algo que yo generalmente no soy. Creo que por eso enfrentarme a la muerte y al duelo sola por primera vez en la vida se convirtió en un trabajo de tiempo completo, a veces es difícil aceptar las emociones desagradables.

A lo largo de mi vida han fallecido familiares lejanos y conocidos de mi familia; tengo recuerdos de ir a velas, funerales y novenarios. Siempre he tenido presente que la muerte existe y va a llegar, pero nunca esperé el momento en el que me iba a encontrar frente a la primera pérdida que me marcó. 

Me tomó desprevenida, y por mucho tiempo sentí que si tan solo hubiera tenido la oportunidad de un cierre o una última conversación, me sentiría más tranquila. Y es que eso es lo más raro de todo esto, cuando yo pienso en despedidas, se me vienen a la mente escenas de películas en las que las personas saben que esa es su última vez viéndose, entonces lloran, se abrazan y dan un speech dramático sobre su relación y vivencias juntxs; pero no siempre es así. A veces las despedidas, y más específicamente los momentos finales que compartimos con alguien, se dan sin que lo sepamos, y sin que sean memorables.

Además del dolor, siempre hay una incomodidad alrededor del tema de la muerte. No sabemos qué decirle a los demás cuando viven una pérdida, y tampoco sabemos cómo actuar ni en el momento, ni en las siguientes semanas y meses, como si el duelo no fuera una respuesta emocional normal ante la pérdida.

Por eso, después de un proceso que se ha sentido eterno, que ha incluido llorar, gritar, y sanar sola, quiero dejar atrás el no hablar sobre el tema y mi dolor para no incomodar a lxs demás. También quiero dejar el miedo a volver a pasar por esto, porque es inevitable, pero creo que para eso aún me falta.

Con el paso del tiempo, he llegado a un lugar en el que recordar con amor y no con dolor ha sido posible. Por más bonito que se siente, no puedo decir que ha sido fácil llegar aquí, que no toma tiempo e idealmente, acompañamiento de una persona profesional. Lo que sí puedo decir es que estoy orgullosa de mí por haber llegado a este punto, y que me alegra haberme dejado sentir todas y cada una de las emociones que me ha generado esta pérdida. De esta experiencia me llevo mucha empatía hacia mí misma, y hacia quienes día a día viven un duelo, porque sé lo solitario, confuso y doloroso que puede llegar a ser.

Como muchas cosas en la vida, no hay un manual que nos diga paso por paso qué deberíamos hacer en cada momento para vivir este proceso de adaptación, pero yo creo que podemos empezar por dejarnos sentir.


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