Un lazo de amistad

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Por Jean María Montero Castro
@jeanlililulu

Entre amigas ni las palabras urgen. En el pensamiento y la distancia se conversa, se acompaña. También en el silencio, en la mirada se regaña.

Es un regalo inesperado de agosto; tardes soleadas con nubes blancas que parecen manteles puestos para una fiesta de amigas. Observando ese cielo resplandeciente, se antojan las ganas de rodearse de gente vivaz, de hablar, compartir, y dejarse llevar por esos rayos juguetones, que corren libres entre los árboles, que, como en maratón, llegan a las puntas de las montañas y te llevan a imaginar un más allá.

Es justo en días así que pensás en la bendición de la amistad. ¿A quién llamar? ¿A quién invitar para aprovechar este maravilloso obsequio? 

 

El apetito se altera. Los deseos de tertulia afloran. Estos rayos de sol evocan gozo y la necesidad de calidez emocional. Y es que no hay mejor tiempo que el que se vive en compañía. De hecho, extrañamente, junto a otra, aún sin sol es un día valioso, único y a veces mágico. Cambia la percepción de vida sentirse contenida, mirar otros ojos y dejarse asombrar por historias y experiencias ajenas. Hermoso sentimiento y valor es la amistad, siempre pintada de lealtad, aceptación y sinceridad.  

 

Maravilloso lazo que nace a veces en segundos y, si se alimenta, permanece por toda la vida. No tiene edad, ni condición social. No depende del idioma ni cultura. Extrañamente su inicio puede nacer de nada lógico o predeterminado. Asombra que únicamente brota, de una sonrisa, de un agradable servicio o una genuina y desinteresada intervención.

 

Aun el amor requiere de amistad. La amistad es ese espacio de respeto y cordialidad. Cuando la experimentás se normaliza la respiración, se equilibran los latidos y afloja la más profunda tristeza. Entre amigas ni las palabras urgen. En el pensamiento y la distancia se conversa, se acompaña. También en el silencio, en la mirada se regaña. Nadie más fiel y transparente que una amiga. Una verdadera amiga advierte de los excesos, los peligros. 

Una amiga no se corrompe por nadie ni por nada, mantiene el nudo de una amistad. Es tu amiga como si para ello hubiera sido contratada solo que su permanencia es una decisión diaria, un sublime regalo. Nadie sabe bien qué busca la amistad,que la orienta, algunos dicen que pureza, verdad y desinterés. La libertad la hace gorda, perderse en el vaivén de la risa y hasta la locura. ¿Quién no se compra los piropos de una amiga?… ¿Quién no los enmarca y guarda en gavetas por siempre? ¿Quién no va a la guerra por el honor de una amiga ofendida? 

 

Se dice que la amistad es una noble relación afectiva, nos desnuda al punto que no se pueden conservar secretos, nos obliga a mostrarnos sin poses ni atavíos. A una amiga se le abren más que las puertas, se le abre el alma, se le comparten los mayores miedos y pesadas experiencias. Una amiga escucha, no hace juicio, tan solo acompaña. Bendito este lazo que nos une primero a nosotras mismas. 

No es buena amiga quien primero no lo sea de sí misma, quien no se perdone y comprenda solidaria y afectivamente. Entre más amistad desarrolles a vos misma, mayor apertura habrá hacia las necesidades y menesteres ajenos. Una amiga no cansa, no traiciona, no invade. A pesar de ser incondicional no abusa de todo lo que se le ha compartido, hay un conjuro, un código sagrado. 

 

Ser amiga es vernos en ese espejo semejante a ese sol claro, resplandeciente, perderlo por siempre duele. Quien pierde una amiga aprende una lección qué dolerá toda la vida, que te hace saber de una luz maravillosa que si se enciende nos une a una, a muchas, a otras. Nos humaniza y hace germinar lo mejor en cada una. 

 

La amistad nace y se da sin intención alguna, pero ser  “amigo u amiga” sí requiere de compromiso, de ética y disciplina. Si te decís “amigo”, hay reglas, hay límites, hay y debe haber una intencionalidad y cariño. Una afable complicidad. Los buenos amigos más de una vez se han molestado, enojado y hasta despedido, pero la fuerte amistad se levanta después de una discordia, de un mal trato. Porque comprendemos que solo por lo mucho que carga, a veces tropieza, por lo mucho que lleva y trae, a veces se enreda.

 

Bendita la amistad que suavemente como un lazo nos acicala a la intimidad del otro, a su día a día, a sus falencias y logros. Los mejores dones y virtudes a veces las arropamos y cultivamos por un amigo. Eso es lo mágico, sentimos que damos pero es para nosotros que se multiplican los tesoros. Rara la amistad, no se gasta, entre más se desarrolla tan solo se hace cómoda, sencilla, práctica y adivina. 

 

Suele verse ante la partida de una gran persona su calidad,  por la cantidad de amigos que lo extrañan, que lo llevan y llevarán por siempre como un lazo al alma. Dicen los que saben, que nunca tendrás mayor oportunidad que alguien haga de ti su amigo, su amiga, ni mayor esfuerzo que decirse como tal. Amistad es lo que suma, lo que permanece y ayuda. A veces de quien menos esperás o hasta de quien menos hubieras aceptado o convenido, te obliga a este proceso de mejora y renuevo personal. 

 

Muchas hemos ya experimentado que aun aquellos, que a veces llamamos “enemigos”, perfilan en nosotros encantos desconocidos, nos retan a la milla extra, y dar de lo que no sabíamos tenía nuestro ser o personalidad. 

Definitivamente, toda buena dádiva o don perfecto inicia con un sentimiento de amistad. La amistad es burlona maga, hasta un poco cínica, cuando se nos exalta o admira en reconocimiento a grandes habilidades blandas o cualidades espirituales, la verdad es que tuvimos suerte, la dicha o bendición de tener amigos, de toparse con innumerables variables, esencias, formas, credos, ponencias y extractos que te influyeron, que te amalgamaron. 

 

Quien sea recto y honrado por siempre agradecerá y en alta estima llevará innumerables lazos atados, unos flojos, unos nuevos, otros ya muy desgastados jugueteando en el viento de la gratitud y la amistad.


 

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