Un ratito Claroscuro con Ana Carter

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Por Món Morales
@mon.solar y @querida.diaria

Sus canciones resonaban fuerte porque las personas se sentían identificadas, porque visibilizan todo aquello de lo que no se hablaba.

Honramos a todxs lxs que han estado antes, y siguen estando.

A quiénes empezaron a abrirnos camino, por regalarnos la

representación que necesitábamos para tomar el coraje

de salir y luchar por nuestro derecho a existir.

 


“Usted va poner ahí que nací en Centroamérica, y bueno, en paréntesis: San José, Costa Rica, porque nací en el Calderón en 1952”.

 

Ana Carter me cuenta que está profundamente convencida y conmovida desde que creció por la filosofía de ser centroamericanista, y sin territorios demarcados, así como lo dice la canción.

 

Creció soñando con ser cantante, “cantaba todo el día”, pero en su familia dedicarse al arte era totalmente prohibido. Dice Ana que con los años entendió a su mamá: “una orquesta llena de hombres mayores podría ser un espacio complejo para una jovencita”.

 

Ese fuego que Ana tiene dentro hizo erupción cuando ya iba llegando a sus cuarenta años, y así fue como nació Claroscuro en 1991. “Porque hay que animarse a hacer las cosas por una misma, y se opusiera quién se opusiera yo lo iba a hacer”.

 

Claroscuro es una pieza fundamental en la historia de la música y el movimiento feminista del país, y hay que agradecerles infinitamente la imparable fuerza que nos heredaron a través de sus letras y canciones. Junto con Iliana Alfaro y Ana Eduarte, estas tres grandes artistas tuvieron el valor y el coraje de denunciar la violencia de género frente a diversos públicos, incluyendo a “los gobernantes de turno” de esa época, señalándolos como responsables desde el escenario del Teatro Nacional.

 

“Éramos mujeres en el escenario, escribiendo, musicalizando e interpretando, y llamábamos mucho la atención a veces para bien, a veces para mal. Yo creo que la música es un lenguaje universal, pero sobre todo hay que continuar la lucha, desde todos los escenarios, sea legal, artístico, académico, y la lucha en las calles es necesaria. Pero sí, por medio del arte se pueden conseguir cosas maravillosas”.

 

Sus canciones resonaban fuerte porque las personas se sentían identificadas, porque visibilizan todo aquello de lo que no se hablaba.

 

“Vivimos en un país privatista, racista y sexista. Yo después de despertarme tenía que darme tres pellizcos para defenderme: uno por ser mujer, otro por ser negra, y el tercero por lesbiana.

En mi adolescencia me sentía atraída por muchachas de mi edad, no por los muchachos. Pero esto era pecado mortal, porque mi mamá era muy religiosa, y de eso no se hablaba. Estamos hablando de los 60s, uno se escondía, los bares estaban escondidos, y no se hablaba con las hermanas ni con los hermanos.

 

Yo también me escondí por mucho tiempo, hasta que me animé cuando era mayor de edad, que por cierto, éramos mayores de edad hasta los 21. 

 

Yo llegaba a un bar muy conocido, El Feocarril, que se veía como un vagón de tren. Y me veía con mis amigas, me sentía socialmente acompañada. Estaba con gente muy agradable, muchas estudiaban, trabajaban, y bueno, La Avispa en ese entonces estaba en el Cruce Moravia-Guadalupe, pero a ese no fui, cuando se pasaron a San José sí iba”.

 

En el 79’ se trasladó La Avispa a San José, luego de estar en una “barriada”. Ana Vega me contó que ahí llegaba Ana Carter y se juntaban a cantar hasta la madrugada con otras mujeres de “La Vieja Guardia” -como se llaman entre ellas-, y que hasta Chavela Vargas llegó una vez.

A Ana la sororidad la acompañó y la impulsó a quitarse los nervios cuando participaba de diferentes espacios, inclusive más allá de los escenarios.

 

“¿Puede poner ahí que soy estudiante de feminismo? Aquí voy aprendiendo a diario, y agradezco siempre a las feministas del pasado que supieron luchar por nuestros derechos”, -hay que recordar que en Costa Rica, en los 40s las mujeres no podían votar y las personas negras de Limón no eran reconocides como ciudadanes civiles-.

 

“No éramos sujetxs que pudieran aplicar a un crédito o préstamo, todos esos derechos se fueron logrando gracias a esas mujeres de antaño.

 

Si ustedes ven hacia atrás, yo veo a Angela Davis, y atrás estuvo Rosa Parks, y atrás otro montón de mujeres negras que lo pudieron hacer, y ahora también se puede, con mucha fuerza, orgullo y dignidad. Pero eso sí, solas no vamos a poder, hay que hacerlo todas juntas.

 

También la comunidad LGBTIQA+ tiene que unirse y cuando digo que hay que unirnos, me refiero a toda la diversidad social, no solo sexual, hacia el mismo norte: hacia la igualdad de nuestros derechos.

Y si nosotras o Claroscuro podemos ser una ayuda para las jóvenes, negras, lesbianas, blancas, indígenas, todas, todos, si podemos servirles de algo, nosotras encantadas y con mucho gusto”.

 


 

Món Morales es Creadora cuir [ ella ]

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