¿Quién resiste con nosotras y nosotros?

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Por Shi Alarcón-Zamora
@alarcon.shi

En las elecciones del 2018 las personas de las comunidades LGBTIQA+ habíamos sentido que nuestros derechos estaban en riesgo y para la nueva elección este 2022, no queríamos ser carne de cañón.

El 3 de abril tuvo lugar la segunda ronda electoral en Costa Rica, en la que participaron dos partidos políticos que compitieron entre sí ofreciendo apoyo a las demandas del fundamentalismo religioso. Una semana antes un grupo de activistas habíamos tenido una reunión para definir qué podríamos hacer frente al panorama presentado por las elecciones que se avecinaban. Después de conversar sobre el contexto, llegamos a la siguiente conclusión:

 

Gane quien gane: ¡Resistiremos!

En tiempo record elaboramos materiales promocionales, como logo y videos, y organizamos varias reuniones, entre otras cosas para organizar la búsqueda de financiamiento. Esta vez… literalmente, no había santo en qué persignarse. Estábamos en una situación distinta a aquella experimentada en las últimas elecciones pues para entonces teníamos un poco de esperanza.

 

En las elecciones del 2018 las personas de las comunidades LGBTIQA+ habíamos sentido que nuestros derechos estaban en riesgo y para la nueva elección este 2022, no queríamos ser carne de cañón. Nos preocupaba que demandas que ya habían sido resueltas favorablemente para nuestro movimiento volvieran a ser puestas en discusión con el fin de revertir tales logros.

 

Las mujeres fueron el centro del campo de batalla, o más bien el campo de masacre. La violencia de género sufrida por ellas fue representada con la violencia discursiva contenida en chistes sexistas y la llamada “ideología de género” por el conservadurismo contemporáneo proponía acabar con los logros alcanzados en el sistema educativo en relación con la reflexión sobre género, sexualidad y diversidad sexual, temas claves en la lucha contra el sexismo y la homofobia. En su propuesta, el voto, es decir, la convocatoria a un referéndum, donde las mayorías decidirían por las minorías, sería el mecanismo para acabar con los logros alcanzados.

Mientras tanto, hicimos intentos desesperados porque las mujeres no se sintieran solas, es decir, no sintieran lo que habíamos sentido en el 2018. Recuerdo que una mujer aseveró que en esta competencia electoral a diferencia de la anterior, no había espacio para la lucha por ampliar los Derechos Humanos. Pese a ello, señaló a continuación que no debemos claudicar permitiendo retrocesos en los derechos alcanzados no solo por nuestra colectividad, sino también por la sociedad en su conjunto.

 

Muchxs, especialmente mujeres, participantes en colectivos de la diversidad sexual les preocupa que han llegado a conocer al menos alguien gay que no le importan nuestros temas: las mujeres y los cuerpos feminizados. Sin embargo, este parecía un tema menor en las discusiones que se concentraron en torno a la dirección del voto. Algunos proponían anular su voto mientras otros, peor aún, decidieron apoyar a alguno de los candidatos.

 

Veníamos surfeando un panoroma fatídico, las amenazas a las instituciones podrían parecer amenazas vacías, sin embargo, parecen ser cada vez más reales. Las narrativas que se han instauradoen los imaginarios de la gente se muestran cada vez más peligrosas.

Sentíamos que una nube lúgubre nos rodeaba y nos preguntamos entonces:

¿Qué vamos a hacer? ¡Resistir! 

 

Decíamos la última semana, sin tener consenso sobre lo que eso significaba. Estamos conscientes de que lucharemos en contra de las voces que claman por hacer retroceder nuestros derechos. Sabemos que queremos avanzar aunque no tengamos clara la ruta. Sin embargo, creemos que nos espera la protesta en las calles y que debemos de solidarizarnos con otros movimientos y grupos, que debemos prestar atención a la violencia la cual tiene múltiples manifestaciones en la sociedad, es decir, que debemos de prestar atención a los temas sociales.

 

Debemos establecer vínculos con las luchas llevadas a cabo por ecologistas, agrupaciones diversas de mujeres, indígenas, afrodescendientes, personas discapacitadas, niñas, jóvenes, gentes que habitan regiones marginadas tales como las costeras y rurales. En fin, lucharemos por nuestros derechos pero también nos solidarizaremos con quienes luchan por vivir una vida digna.

 

Finalmente, llego el día, hay un presidente y mientras vamos reagrupándonos como movimiento social, para ver por dónde empezar la resistencia, suena el WhatsApp y solo dice:

 

¡Los gays celebraron en La Avispa!

¿Los gays celebraron en La Avispa?

 


 

Profesora universitaria y activista [ ellx ]

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