GOOD FEED #107: Vamos a buena letra

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La narración de las anéctodas no es solo motivo para tener memoria, sino también para ver cómo llegamos hasta donde estamos hoy.

La capacidad de retener memoria y recuperarla voluntariamente viene alimentada por un poco de suerte. Habrá quienes tengan la habilidad de memorizar con lujo de detalle, inclusive lo que es completamente irrelevante. Más allá de los nombres, lugares o los diálogos intercambiados, tiene memoria para los colores, los sonidos del fondo y la pieza que estaba sonando.

Hay un poco de suerte también en este proceso, seguramente hasta habrá tenido que ver el grado de atención que una persona estuvo poniendo cuando un acontecimiento ocurrió. Tal vez no era el día para recordar y es hasta después que uno lo lamenta.

En la memoria todo se codifica y, con el paso del tiempo, se convierte en un producto de alguna forma nuevo. Inclusive, tal vez hasta se siente aderezado por un poco de ficción, de imaginación, de ganas de que aquello hubiera sido diferente, más rápido, más divertido, menos sufrido…

Si a la capacidad de recordar también se le suma la posibilidad de dejar un registro de esa memoria, entonces la memoria deja de almacenarse exclusivamente en el cerebro y la experiencia de quien la vivió. Ahora se convierte en una anécdota compartida, que disfrutarán otras personas, no desde los ojos de la experiencia, sino de la impresión. 

Esta edición del Good Feed, sin quererlo, terminó siendo un compilado de anécdotas cuyo valor literario es tan valioso como su mismo valor anecdótico. Sin duda habrá algo dentro de las historias compartidas que tuvo el peso necesario para motivar su relato. Nos complace tener la posibilidad de atestiguar, como lectores, el recuento de la vivencia.

Contamos, en esta ocasión, con algunas personas que han sido partícipes de un espacio literario guiado por Luis Chaves, titulado Taller de escritura artificial (Gracias por sumarse.) De sus plumas se desprende el grueso de este boletín que compartimos hoy, mientras que otra lectura más, la de Carolina Campos, surge de la inspiración que dejó la partida de su hermano.

La narración de las anécdotas no es solo motivo para tener memoria, sino también para ver cómo llegamos hasta donde estamos hoy. Este espacio está abierto para cuando cualquier otra persona tenga la motivación de compartirnos sus propias anécdotas para así recordar o ver hacia adelante.

En esta edición:

De Luz a luz | Por Carolina Campos

Los calzones de mamá | Por Mauricio Vargas Barguil

Tres tristes turistas | Por David Ulloa

Blancanieves nunca fue mamá | Por Melina Valdelomar

El año del tigre | Por Patricia Velázquez

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