El juego en la experiencia de placer sexual

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Por Dra. Margarita Murillo
@margaritamurillo

Psicóloga – Sexóloga

Durante muchos años se pensaba, o juzgaba, que jugar es algo de niños/as, cuando en realidad nuestra especialidad humana, como sapiens sapiens, tiene que ver directamente con la capacidad de recrear nuestra vida a través del juego.

Esa característica de sapiens sapiens está ligada directamente a nuestra capacidad creativa, nuestra habilidad de haber explorado y habernos adaptado utilizando la fantasía, la inteligencia y la sabiduría.

En sexología hablamos de la importancia de explorar, jugar y galantear como base de la conexión al deseo sexual. Se ha observado que el único deseo que sentimos de forma espontánea está más ligado al ciclo reproductivo. Si tuviéramos mayor conciencia de esto, podríamos emplear siempre el juego como una forma de generar deseo en nuestros encuentros eróticos. Y una manera de crearlos y sostenerlos en el tiempo.

En un trabajo de talleres realizado con la población adulta mayor en Costa Rica, apoyado por la Asociación de Gerontología de Costa Rica (2006-2010), coincidimos en que aquellos/as adultos/as que tenían espacio para reír, jugar, seducir a sus parejas de modo jocoso, alegre y muy creativa lograban sostener los niveles de deseo. Además, que sus encuentros sexuales habían permanecido en el tiempo, aun a pesar de contar con algunas limitaciones físicas para una respuesta sexual estereotipada y limitada, donde se asocia únicamente a la erección, penetración y eyaculación.

JUGAR – EXPLORAR – GALANTEAR, sin duda es algo básico, pero no solo para sostener y fortalecer el deseo sexual, sino también el deseo por la vida. Los seres humanos hemos ocasionado muchos espacios, donde simplemente estamos divirtiéndonos, encontrándonos y disfrutando de lo que nos permite recordarnos y conectarnos con libertad.

Jugar es permitirnos estar libres, ser genuinos, conectarnos a la risa, a la espontaneidad de ser y estar.

Jugar en espacios eróticos permite mayor libertad, aumenta la seguridad de ser quiénes somos y nos suelta el peso del rendimiento. Es simplemente estar y disfrutar.

Es incorporar el juego para permitirnos crear espacios eróticos, sin reglas, sin limitaciones, donde cada participante pueda expresar su alegría, su jocosidad y creatividad. Fortalece la relación con uno mismo y con el o los otros participantes de estos encuentros.

Jugar forma parte de nuestra esencia humana y jamás debemos permitir que sea excluido o sacado de nuestros entornos eróticos. Jugar nos conecta a la inteligencia –nos conecta a la paciencia– nos quita estrés y libera muchas endorfinas y dopamina.

Jugando nos conocemos y aumentamos la capacidad de escucha. ¿Qué tal si, a partir de hoy, incorporamos seria y conscientemente espacios de juego en todos esos encuentros eróticos tan humanos y deseados? ¡Adelante! ¡Nos comparten como les fue!


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