Y salió el Sol

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Por Jean María Montero Castro
@jeanlililulu

Cuántas cosas ofrecen la oportunidad de un día.  Bendita mi abuela que innumerables veces me pellizcó para no estar distraída, me motivó a mirar con frescos ojos.

Cuántos de nosotros, justo después de un buen aguacero, descubrimos en un rocío cálido un murmullo de colores lanzados al cielo, como si en un arrebato, en un maravilloso instante de repente, el universo tira molesto ese cúmulo de esencias vivas amarillas, rosas, verdes, azules y púrpuras esperando cautivarnos. Y es que se dice, neurológicamente hablando, que todo mejora si levantamos la mirada. Si obligamos al cuerpo a ponerse erguido, bien puesto y plantado sobre el suelo.

“Secretos de los años”, diría mi abuela. Ella, sencilla, sin profesión de vida, se presentaba, pero hizo innumerables trenzas de palabras, acicaladas con amor para quienes la escuchábamos. De todo hecho y vivencia el reparo, lo que ofrecía era el plato de las palabras. Muchas subrayadas con jalones de orejas y tonos altos que de momento asustaban. Hoy lo aprecio, la sabiduría pura del observar de la vida, el no perdernos nada. Como quien va a una feria donde ocurren miles de actos, pero ninguno menor que el otro. Ninguno menos practicado ni de menor talento. Cuántas cosas ofrecen la oportunidad de un día. Bendita mi abuela que innumerables veces me pellizcó para no estar distraída, me motivó a mirar con frescos ojos. “La belleza no está en el objeto”, decía, “está en el ojo que lo mira”. “Nadie aprende por cabeza ajena”. Así repetía sollozante, a veces dolida y, con un amor extraño, me pellizcaba, me recriminaba la pequeñez y ceguera de nuestra mirada.

Hoy que levanto mi rostro en búsqueda. Hoy que el mundo confiesa con mayor sentimiento la pérdida de tanto abuelo, vienen a mí sus voces, sus atisbos, sus secretos de vida compartidos. Sus tesoros, esos que sí se llevan donde partieron.

Muchas veces y muchas voces nos han invitado a esta búsqueda y actitud sana., ¿Será que hoy les hacemos caso?, ¿Cuántos de nosotros hemos tenido cerca a buenos conocedores de montañas altas? Expertos en misterios que para descifrarlos se requieren más que títulos y ecuaciones rápidas. ¿A cuántos se nos han regalado sin paga algunos artificios ganados de la buena práctica ante el día malo, casi una alquimia que no cesa, llevada siempre a más? Migas de pan para ser seguidas por gaviotas solitarias y férreas.

Esta gente sencilla y nada egoísta ha tenido como práctica recurrente elegir el lugar donde lanzan despreocupados y a la vez confiados su mirada. Como quien lanza un ancla en la peor tormenta. Gente nuestra, verdaderos costarricenses que superan los 100 años. Gente entera y decidida que me traen a memoria a Juan Salvador Gaviota. Ellos, al igual, y en paralelo, descubrieron que el aburrimiento, el miedo y el odio, son las razones por las que la vida de una gaviota es tan corta. Hay que cambiar la naturaleza que nos encierra en callejones sin salida. Es justo levantando la ambición verdadera y asertiva búsqueda que rompemos cadenas de malos hábitos, de pensamientos huecos y sin semilla. Ellos han descubierto el verdadero sentido de estar vivos y, por tanto, también rompieron las cadenas que debilitan sus cuerpos.

Hoy se dice encrucijada, se menciona coyuntura y tiempos de lucha, algunos sordos a estas coordenadas mantienen su espera a un bello arcoíris. Ellos a todo dicen gracias. Todo es bendición y regalo. Ellos saben que aunque demore, vendrá.

Hoy me digo a mí misma: ¿No es esto celebrar? ¿No es esto hacer fiesta de la vida? Pues, que no se me pase distraída la oportunidad que trae cada día. Que a pesar del aguacero, no deje de dar las gracias. De agradecer y celebrar.

¿Y por qué no? ¿Por qué no? Se dice que si hay vida, hay esperanza… ¡Entonces, pues, a celebrar carajo! A agradecer los pellizcos bien dados por Beatriz, la voz que me enseñó a vivir.



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