Los grandes logros requieren de tiempo

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Por Marysela Zamora-Villalobos
@nosotras.womenconnecting
@maryselazamora
@soyvalentia

Los conflictos que vivimos como sociedad tienen un efecto directo en la vida de las mujeres y esto las pone en situaciones mucho más vulnerables y de riesgo.

En un marzo como el que vivimos debo contarles cómo me ha ido estos años haciendo comunidades de adolescentes y mujeres para la igualdad de género y el liderazgo. Les voy a ser muy sincera:  me siento agradecida por los grandes avances que hemos hecho, pero me siento como si me hubieran echado 10 baldes de agua fría.

Después de una pandemia que golpeó de manera más profunda a las mujeres; por ejemplo, ser más afectadas por el desempleo, la violencia doméstica y sexual; después de una jornada electoral que ha expulsado la realidad de nuestra doble moral sobre la violencia y a quién se la permitimos; después de ver que muchas mujeres en tiempos electorales se nos olvida aquella linda frase “juntas somos más fuertes”.

Vivimos tiempos convulsos, como siempre. Los conflictos que vivimos como sociedad tienen un efecto directo en la vida de las mujeres y esto las pone en situaciones mucho más vulnerables y de riesgo.  En algunos espacios vamos ganando sillas que ocupar, algunas leyes pasan, pero en el 2020 existieron 45.990 casos de violencia que se registraron en el sistema judicial y el desempleo en mujeres está en el 19%. Para poner el foco en lo global, el problema que significa la violencia contra las mujeres tiene un costo más alto que el narcotráfico y el crimen organizado, según datos de Every Woman Treaty.

Vivimos tiempos contradictorios. Estamos de cara a la Asamblea Legislativa más paritaria de nuestra historia y estamos actualmente en uno de los gobiernos más paritarios; pero los datos no muestran cambios sustanciales en el desarrollo económico de las mujeres o en la posibilidad de vivir una vida libre de violencia. Nos dicen que la violencia es de “señores de antes”, pero según datos del Poder Judicial las presuntas personas agresoras en su mayoría resultan ser hombres entre los 27 y 44 años.

Vivimos tiempos que llaman a la comunidad. El escenario no es nada cautivador.  Mi sangre activista desearía que el mundo fuera más rápido, pero los grandes logros requieren de tiempo. Retomo el inicio, llevo años trabajando con mujeres de las más diversas, con todas y cada una de ellas se cumple lo que soñamos cuando creamos Nosotras: las mujeres en comunidad logran mejorar la calidad de sus vidas y las de sus comunidades. La manera de ejercer el liderazgo de las mujeres con las que hemos trabajado muestra no solo resiliencia, sino esa noción de construir en conjunto por mejores realidades.

He visto mujeres crear negocios para apoyar a sobrevivientes de violencia doméstica a que puedan dejar a los agresores, he visto mujeres que crear propuestas para mujeres jefas de hogar, también veo mujeres trabajando desde los gobiernos locales en la defensa de los ríos (¿Ustedes sabían que el movimiento de protección de aguas es altamente compuesto por mujeres y mujeres rurales?) Veo en pequeñas comunidades cómo los grupos de señoras se organizan para apoyar a familias en necesidad o para apoyar a alguna otra que no la esté pasando tan bien. Y cuando veo esto es claro que las mismas mujeres hemos usado todos estos mecanismos para cuidarnos y protegernos a nosotras mismas.

El sabor agridulce de este momento responde a que, en apariencia, las mujeres nos vamos moviendo bien, pero no se está reflejando de manera contundente en los datos, ni en las leyes ni en la política pública, a pesar de los avances. Y lo peor de todo esto es que seguimos creyendo que esto es un problema de las mujeres. Lo que afecta a la mitad de la población, afecta al conjunto. ¿Dónde están los hombres? –algunos opinando sobre nuestros úteros y otros explicándonos que no era acoso, era un “piropo” y algunos poquitos se unen de manera respetuosa y hacen lo que les corresponde–.

Resistencia. Serenidad y paciencia. Las mujeres debemos seguir trabajando en comunidad porque en momentos como este que una se siente absolutamente decepcionada con la situación de las mujeres, siempre hay otra mujer que nos recuerda que la lucha es larga, que viene desde hace años que ni imaginamos y que como decían las Revolucionarias: “No es por una, es por todas”.


Productora de cine y artes escénicas. Emprendedora social y de las artes.  Activista por la equidad de género y los derechos humanos. Fundó las plataformas de liderazgo para adolescentes y mujeres Soy Valentía y Nosotras Women Connecting.
info@maryselazamora.com


 

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