Mi receta para sacar la ansiedad del horno

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 Por Jenny Cascante
@nubecina23

Mi amiga, la ansiedad, me impulsó a refugiarme en reality shows sobre competencias culinarias. Puede decirse que los vi todos…

Hacia la mitad del 2020, sucedió algo sobre lo que, hasta ese momento, solo conocía por testimonios de otras personas: me convertí en una persona ansiosa.

Llegué a pasarla mal. Me sentía nerviosa casi todo el tiempo e irremediablemente me mantenía en estado de alerta siempre, aun cuando no estaba 100% consciente de ello. En medio de una pandemia mundial, sentirme amenazada por una situación externa no era del todo improbable.

Pero vivir con ansiedad implica aprender a aceptarla, porque simplemente nunca se va a ir. Es abrazarla como si fuera una vieja conocida, sentarse a tomar café con ella, ver televisión con ella al lado e incluso recordarle que está bien si se queda, pero que al final, quien decide cómo llevar esta convivencia, soy yo misma.

Se dice que, en momentos estresantes, es común buscar rutas de escape donde predomine el confort. Es así como mi amiga, la ansiedad, me impulsó a refugiarme en reality shows sobre competencias culinarias. Puede decirse que los vi todos, desde Top Chef hasta Sugar Rush. Pero no fue hasta que conocí The Great British Bake Off que me enamoré perdidamente y, de paso, encontré una nueva afición que me ayudó a controlar mi ansiedad: hornear (o como me gusta llamarla, ‘Anxiety Baking’)

La premisa de este show británico (ahora convertido en franquicia, con versiones en diferentes lugares del mundo) es bastante sencilla. Doce personas con experiencia no profesional en pastelería y panadería deben cumplir semanalmente con tres retos donde aplican sus conocimientos y habilidades en el arte de hornear. Al final de cada episodio, uno de ellos es coronado Star Baker (Panadero Estrella) y otro es enviado a casa, de forma amorosa y considerada porque aquí nadie es “descalificado”. El programa es un ejemplo de inclusividad donde no importa la edad, religión, lugar de origen u orientación sexual, lo que vemos es un grupo de personas horneando, animándose unos a otros y pasándola bien.

En The Great British Bake Off el sentido de rivalidad, tal como lo conocemos por programas de corte similar, es nulo. La principal motivación de sus participantes es hacer las cosas lo mejor que pueden y alcanzar las expectativas de los jueces. No hay peleas, tampoco intentos de sabotaje. Es tan fácil relajarse viendo cada temporada y desear que todos los concursantes lleguen a la final, donde siempre es emocionante ver en el montaje final qué han estado haciendo todos después de que el show terminó.

En total ausencia de drama, el programa cambia drásticamente el concepto de reality show y hace que olvidemos que se trata de una competencia. A diferencia de aquellos donde el sufrimiento de los participantes se convierte en entretenimiento, en The Great British Bake Off los jueces son respetuosos y considerados, aun cuando les toca probar y calificar algún producto final incomible. No existe tal cosa como “policía bueno, policía malo” aquí, las intervenciones de los jueces son compasivas y no se desmerita el esfuerzo de nadie.

La afinidad que experimenté con el show y las historias personales de sus participantes me motivaron a intentar hornear en casa.  A todo esto, me parece importante aclarar que siempre me ha gustado cocinar pero no me he considerado excepcional. A partir de este momento sí me di cuenta de que hacer repostería es algo sobresaliente, especialmente porque la repostería es muy exacta. No hay espacio para improvisar. El hecho de poder hacerlo bien, implica concentración y dedicación.

Empecé con cosas sencillas, y poco a poco he ido aumentando la complejidad de las recetas que elijo. Descubrí que me relaja seguir instrucciones de recetas al pie de la letra, hacer mezclas y darles forma a las cosas con mis manos.

El aroma que inunda la casa, cada vez que tengo algo en el horno, me hacen sentir segura y tranquila. Cuando presencio, emocionada, cómo está creciendo un pan que minutos antes se veía como algo totalmente diferente o cuando saco una bandeja de galletas perfectamente doradas, siento una satisfacción difícil de describir. Pocas cosas son más gratificantes para mí que cuando comparto con alguien lo que tan cuidadosamente preparé y veo su cara cambiar a una expresión de contento.

A la vez, mi principal reto ha sido, precisamente, hornear para otras personas, por ejemplo hacer el queque de cumpleaños para mi mamá, o para Tavo (mi esposo), entre otros. El hecho de que les encantara y que me dijeran que quedaron deliciosos resulta realmente especial.

The Great British Bake Off y el ‘Anxiety Baking’ llegaron a mi vida en un momento donde no esperaba para nada convertirme en repostera aficionada. Aprendí que la experiencia no es tan necesaria si lo que sobra es pasión porque con paciencia, práctica y dedicación, puedo llegar a ser tan buena como desee.

También a aceptar que, aunque no siempre va a crecer el pan, eso no quiere decir que tengo prohibido volver a intentarlo. Además, reforcé la necesidad de tener pasatiempos que me permitan conectar conmigo misma, mientras muevo mi atención hacia algo que me hace sentir plenitud.

Cada vez que abro el horno y me reconozco en el pastel que minutos antes era tan solo masa dentro de un molde, pienso en cómo, a veces, las cosas cambian y jamás vuelven a ser lo que eran. Y eso está bien.


Jenny es traductora, digital marketer y entusiasta de la tecnología. Escribe sobre cine y televisión. Toma siestas a diario.  Le gustan los videojuegos y hornear pasteles.


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