Memorias de cuatro lugares

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Por Eunice Báez
​​@eunicebaezsanchez

Se subió a otro taxi y se fue a la casa que compartía con la novia, vacía ese día porque se estaban dando espacio y ese espacio era yo.

Extractos de Mapa de recordar.  Se trata de un proyecto literario inédito de Eunice Báez Sánchez que busca, mediante pequeñas “postales”, retratar la sensación asociada al recuerdo de un lugar.

Curridabat

Era de noche y llegó en un taxi porque quería hablar conmigo y eso me parecía muy emocionante. Habíamos hablado durante horas por el Messenger y compartido canciones, y él me había dedicado poemas de Neruda porque decía que jamás podría escribir así.

Se bajó del taxi y lo vi más alto de lo que yo recordaba. El efecto de, quizá, muchas horas de mensajes y casi ninguna de vernos en persona. Pero yo quería que se fuera y también que se quedara, pero la casa no era mía, ni vivía sola, entonces lo acompañé a la esquina porque no quería que mi abuela lo viera ni me preguntara quién era, como lo hacía con todas las personas que me visitaban.

En la esquina nos besamos y creo que fue un beso malo, porque no lo recuerdo.

Pero sí recuerdo que, minutos después, mi abuela gritaba mi nombre, en medio de la noche y la calle vacía desde el otro extremo, con el dejo de la moralina y la religión y mi virginidad, todas juntas en su voz quebrada. O más bien en su voz fuerte, dura. O más bien en su voz de dueña de la casa en la que yo tenía un cuarto apenas y nada me pertenecía.

Se subió a otro taxi y se fue a la casa que compartía con la novia, vacía ese día porque se estaban dando espacio y ese espacio era yo.

Recuerdo mucho esa esquina. Luego construyeron un banco en la esquina y quitaron los árboles en los que disimulamos el beso ese.

Corralillo

Hay un lugar en Cartago al que nunca fui porque la verdad es que me da miedo meterme a un sitio desconocido con muchas pendientes y caminos malos y que el carro se me vaya para atrás o se me vaya en un hueco o chocar o toparme un camión lleno de café que no puede dar la vuelta.

Pero vos sí fuiste. Al parecer es el lugar más hermoso de todo Cartago. Nunca lo sabré. Tampoco sabré si me lo dijiste jodiendo para que yo me arrepintiera mucho de no haber ido con vos.

San Pedro

El primer beso nos lo dimos en el parqueo de Estudios Generales después de que yo me había escapado temprano de una clase de artes. Había una islita de bambú con una banca en el centro y nos sentamos ahí a vernos y a hablar. Cuando nos estábamos besando por primera vez en la vida, un profe conocido tuyo sacó el carro del parqueo y te tocó el pito para saludar y nos separamos rápido.

Singapur

Aunque yo seguía dormida vos me sacudiste para contarme el sueño que acababas de tener. Estabas en ese hotel que es como una lancha encima de unos parales, pero que en realidad es como una cosa muy impresionante.

 Marina Bay Sands se llama, me dijiste, pero sólo porque lo buscaste. Ni te acordabas.

 Y ni te habías puesto la camisa, pero ya estás buscando fotos en el celular para enseñarme.

 Resulta que en el sueño desde ahí veías el circuito de Fórmula 1. Porque eso te gusta a vos, la Fórmula 1.

 

¿Y entonces qué pasaba?

Nada, que estábamos ahí y veíamos eso. Ah y que yo me gastaba 300 dólares en el bar.

¿Y yo?

¿Y vos qué?

¿Y yo qué hacía?

Nada. Sólo estabas. O no estabas, la verdad no recuerdo. 

Desde entonces a Singapur le tengo un montón de resentimiento.

 


Nacida en 1985 en Turrialba es una comunicadora, periodista y productora audiovisual especializada en arte, cultura y museos. Su fascinación por la lectura la llevó a escribir y en el 2021, en medio de la pandemia, publicó su primera colección de cuentos “Música para Correr” con Encino Ediciones.


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