Sobre perderse y otras medicinas

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Por Valeria Murillo
@valeria______murillo

Perderse es la medicina que nos lleva a crear nuevas interpretaciones sobre las cosas, el sistema, cómo funcionamos y el todo.

En la profesión que me adjudico yo misma –por sobre lo bien que cumplo mi rol como experta en perderme con y en cualquier cosa– continuamente estoy aprendiendo. Igual que un médico adquiriendo nuevos conocimientos o un físico cuántico cuyo aprendizaje sobre el espacio-tiempo y los componentes fundamentales del universo es un proceso que nunca acaba; he llegado a entender cada vez más la manera en cómo me pierdo y el por qué lo hago.

Todas las veces que me he perdido, por supuesto he sido yo la mente maestra detrás del plan. Sucede porque tomo caminos que no me pertenecen. Claro que inicialmente creo que soy dueña de mi camino, y en cierta forma lo soy, pero como buena profesional, me encargo de ignorar a mi intuición por algunos kilómetros hasta darme cuenta que estoy perdida. Confirmando lo que en el fondo ya sabía; que voy en la ruta equivocada y que, además, me perdí.

 Cuando estoy ahí, tengo que devolverme un poco. Ir de nuevo a la calle ancha de mi vida, el lugar donde todas las versiones de Valeria regresan después de haberse perdido, y la ruta más directa hacia mi yo verdadero. Pero tengo resistencia a encontrarme con él; con mi yo más verdadero. Elijo rutas alternas y lo dejo plantado constantemente porque la incomodidad que surge cuando trato llegar es espantosa.

 

Justo ayer le decía a mi psicóloga lo seductor que es perderse y lo entendible que resulta vernos a muchos perdidos, nutriendo dinámicas poco amigables con nuestro espíritu. Vivir desde el yo más verdadero requiere de pequeñas muertes personales y reestructuraciones emocionales que significan dejar de ser lo que creemos que somos, pero, sobre todo, significa dejar de ser lo que otros esperan que seamos.

 Por esa razón me he perdido incontables veces. Porque para ser lo que verdaderamente soy, tengo que renunciar a la majadería eterna de buscar la aceptación de otros, y renunciar a lo ya conocido no siempre se siente bien. Perderme ha sido mi manera de seguir sosteniendo la insostenible idea de que puedo vivir así; por y para la comodidad de otros. Idea que fue implantada y aprendida sin mayores cuestionamientos hasta que crecí y me perdí en ello, con muy poco esfuerzo. Nadie me contó que estaba siguiendo ese camino porque venía en el mapa que me dieron desde que nací.

Pero no todo es sapos y culebras cuando estamos perdidos. Primero porque nos sentimos cómodos estándolo, y segundo porque siempre será una oportunidad de reorientación. Perderse es la medicina que nos lleva a crear nuevas interpretaciones sobre las cosas, el sistema, cómo funcionamos y el todo. Nos hace crecer, no sin antes dejarnos claro que fueron y son nuestras decisiones, conscientes o inconscientes, las que nos llevan por caminos de desconexión radical.

 Sobre el mapa que usaba como guía he dibujado nuevas rutas. Algunas donde probablemente me pierda como parte natural del ser humana y el mecanismo evolutivo que eso pueda ser. Unas donde me gusta pensar que mi intuición no se comerá las uñas mientras llora rezagada en la esquina de mis intestinos. Y otras con trayectos que aún no logro visualizar, ni siento la necesidad de hacerlo.

Aunque continúo perdiéndome en la codependencia, la indecisión crónica, el miedo -y también entre todas las cosas que quiero hacer y puedo hacer, pero no hago-, ahora se siente diferente. Me pierdo, pero de alguna u otra forma me siento más hallada, percibiendo que el camino hacia mi yo más yo, no es una calle ancha en línea recta, sino en forma de espiral. Una donde constantemente regreso a cosas que pensé que había entendido, pero encontrando verdades cada vez más profundas. Porque quizá no se trata de evitar perderse, pero sí experimentarlo con patrones y ritmos de pensamiento distintos; respirando mejor, asimilándolo todo, viviéndolo más.

En la espiral, todas mis versiones pasadas siempre esperan para recibir a la Valeria vulnerable de mirada atribulada que recién se perdió. Consolándome porque en el pasado fui cada una ellas, confiesan que dichosamente seguirá sucediendo así, y que perderse, no está tan mal después de todo.


Motivada por la belleza y las palabras, anda creativamente perdida entre la comunicación, las flores y los mamones chinos. Con 10 años trabajando en la creación de contenido, pero 35 de trabajar como ser humano. De un tiempo para acá escribe más, baila más, siente más.


 

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