Coincidencias permanentes en un lapso de tiempo

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Por Mitto Gutiérrez
@elotromitto

Este texto parte de recuerdos y coincidencias que me fueron acercando a las personas que compartieron su camino hasta llevarme a conocer la casa, o bien a Temporal.

Temporal me hace sentir esa misma sensación cuando uno vuelve a la casa después de varias horas o días: todo es muy parecido, debés saber cuáles son las llaves de cada una de las puertas (son muchas), la clave de la alarma, donde está la escoba y dónde se ponen los trapos para limpiar; también hay que saber donde están algunas de las cosas de uso común dentro de la casa. Estas y muchas otras tareas son las que implica desarrollar un proceso artístico en un espacio colectivo, que ya por sí solo sugiere cierto funcionamiento.

Para hablar de este camino me devuelvo a la primera vez que entré a Temporal. Sucedió por una invitación que nos hizo Daniela Valenciano, amiga, actriz y compañera de producción; la invitación era para observar una acción de Joan Villaperros, quien finalizaba su tiempo de residencia en “la salita Temporal”. La información que tenía del lugar al que iba es que era una casa en los Yoses con estudios de artistas, una construcción vieja que iba a ser demolida para darle campo a una nueva torre alta en San José.

Sin querer hacer largo el cuento de mi “primera vez”, me voy a saltar la primera impresión que tuve al entrar a la casa para saltar al momento en el que estaba frente a la sala temporal, identificada con un reloj al lado izquierdo, donde podía ver la cantidad de días, horas, minutos y segundos que le quedaba a ese viejo edificio que ya era habitado por artistas.

Mi primer día en Temporal lo relaciono con el sonido de la Mula, la mula es un objeto diseñado por Joan, de apariencia vieja, con resortes y cables e intervenido con micrófonos de contacto que, al manipularlos con otros instrumentos, generaba retumbos sonoros a través del amplificador que también era parte de la instalación. Fue impresionante poder manipular la mula con mis propias manos y explorar con mi propio cuerpo cada uno de estos sonidos, desde los más agudos hasta los más aparatosos y graves.

Hoy, al recordar mis primero tiempos en la casa, tengo mucho que decir de mi experiencia Temporal. Me es necesario hacer una relación melosa entre la Mula sonora que toqué esa vez, con esa primera coincidencia que me llevaba a este nuevo lugar. Siento que la Mula, con sus golpes y sonidos profundos, anunciaba de una particular forma un nuevo ciclo en mi vida por las andadas artísticas. Ahí, sin saberlo, iniciaba este temporal que ha cambiado mi forma de vivir los procesos creativos.

Este texto pretendo resume un lapso de tiempo en el que he desarrollado algunos proyectos que relacionan mis intereses artísticos: lo actoral, lo audiovisual y mis ganas de generar/producir desde el arte.

El cuento va cronológicamente, porque es la única forma en la que podría escribir un texto así. Cerca del 20 de enero de 2020, tuve la oportunidad de regresar a Temporal, mi segunda vez en la casa, y ahora llegaba siendo asistente de producción en la pieza 1/1, un diálogo entre Luciano Goizueta, uno de los directores de Temporal y Erika Martin, productora y curadora de la exposición que se montaba en la casa.

Ya estando ahí, podía interpretar superficialmente que Temporal era un puente en el tiempo, donde propuestas artísticas y artistas convergían en un mismo espacio, dándole cuerpo y vida a un proyecto integrador de personas, estilos, y formas de pensar la vida desde el arte. Fue ahí donde empecé a tener ese instinto de querer ser parte y de sentir que, de alguna manera, podía colaborar. Sabía que era tiempo de subirme a la escalera y adoptar la camiseta del equipo y ponerme a montar la expo.

Ya a días de abrir la exposición, de tener algunas reuniones de coordinación y en medio de múltiples tareas pendientes, sentí esas ganas incontrolables de ver el espacio limpio y la expo lista; sentir ese placer por ver completo eso que era demasiado nuevo para mí.

El mismo día de abrir las puertas al público, sin que me lo pidieran y con absoluta voluntad, fue donde brotó todo, justo en la pre producción del ciclo de exposiciones que preparaban en colaboración De Cerca, Espacio Sabático y Temporal bajo el nombre de Contaminación Cruzada, un evento que se inauguró el 25 de enero de ese año.

Completando la lista de cosas pendientes, fue como tuve la oportunidad de acercarme a Temporal y, al mismo tiempo, a sus directores, Sergio Leiva y Luciano Goizueta, personas raras que existen con un amor a ese espacio que cuidan como si fuera nuevo, como si fuera a perdurar ahí en el tiempo, afinar algo que va a desaparecer para siempre, algo parecido a invertir en una casa alquilada.

Con confianza y apoyo me dieron la posibilidad de acercarme a su forma de trabajar, permitiendo ver de cerca ese compromiso que tienen con cada proyecto que llega a tocar las puertas de la casa. Es admirable saber abrir la puerta como lo han hecho ellos, construyendo en el tiempo un proyecto que influye en la vida de artistas de todas las áreas.

Y así como todas estas coincidencias han ido sucediéndose, es como llega nuevamente a esta historia, con otra invitación, un mes después, Daniela Valenciano, la misma amiga que en aquella primera vez me llevó a Temporal, pero ahora acompañada con la iniciativa que tenía Janko Navarro junto a Patricia Velázquez y el director de fotografía Óscar Herrera. Su plan era desarrollar un proceso de búsqueda actoral que desembocara en un producto audiovisual.

En Temporal fue donde nos encaminamos a empezar un proceso de improvisaciones filmadas a partir del 7 de marzo de 2020 hasta el 29 de agosto de 2021. 25 sesiones de filmación, a lo largo de un año y cinco meses, en el que me corresponde cumplir el rol de producción entre los directores de Temporal y el equipo de trabajo de la película. Así íbamos completando sin siquiera saber un largometraje en el que terminé siendo el director de arte y que hoy, casualmente, lleva por nombre TEMPORAL.

Antes de la pandemia ya avanzaba un proyecto que nos invitaba a jugar con el tiempo, con las ideas que planteaba la directora y con un diálogo activo desde lo actoral, construir textos desde el pensamiento y la organicidad de la actriz y el actor. Además nos correspondió diseñar y armar la casa de una pareja que propone la ficción en un espacio donde residen artistas de otras áreas, una condición que nos generó posibilidades estéticas y narrativas que potenciaban nuestra propuesta.

Todo parece fácil, pero ni por la mente nos pasaba que un virus venía a cambiarnos el flujo creativo con el que empezamos a trabajar. Patricia, nuestra directora lo resume: “Recién empezábamos, estalló la pandemia y lo que en principio era un ejercicio, se transformó en catarsis y en algo terapéutico”.

A pesar de los obstáculos que venían con el virus, tanto los equipos de Temporal como los de la película nos mantuvimos; seguimos adaptándonos a la casa y fuimos encontrando en ella signos que nos sostenían dentro de un espacio de trabajo que no dejó de apoyarnos.

Ya en media pandemia, por otra parte, y separado del proceso de la película, lo audiovisual seguía llamándome y fue como vino el proyecto de documentación de las micro residencias, que trae a mis manos Alejandro Cruz, artista residente de Temporal y compañero de producción. El proyecto pretendía documentar acciones artísticas improvisadas en la sala Temporal durante un día.

Mezclar el trabajo de diferentes disciplinas y encontrarlas en la sala Temporal para documentar algo que nos diera la experiencia fue una función que adopté dirigiendo el espacio y produciéndolo con el apoyo incondicional de Daniela Valenciano.

Por este primer experimento audiovisual pasaron La danza Fotográfica, Lucía Levy (bailarina) y Natalia Montoya (fotógrafa), con la música de Frank Noguera. En la segunda fecha de filmación trabajamos con Erina Libertad (bailarina y coreógrafa) con la compañía de la bailarina Pilar Aragón presentando la obra de 09:00 a 09:30 con música del productor musical Pedro Campos. En la tercera fecha se suma Joel Fernández, artista que nos comparte música realizada con sintetizadores con la obra OUIEA presenta: Roberto Antonio Wilson en Temporal. Para terminar, en la cuarta fecha de filmación, Daniela Valenciano, actriz y Alberto Rodríguez (artista plástico), con la obra Construcción de lo que no está, creación de un monólogo a partir de la obra Bar, de Alejandra Marín.

Las micro residencias fueron documentaciones que siguen en proceso de edición y que se lograron gracias a un equipo de colaboradores como Pablo Flores como Director de Fotografía y editor, Guillermo Kowalski en edición y, como invitado de dirección de fotografía en la última de las fechas, Camilo Villegas.

Este resumen es un camino que comprende año y medio de caminar entre las paredes de la casa, en donde he aprendido a funcionar con las reglas que día a día hacen funcionar el espacio, cada vez que subo las escaleras o apago las luces, o bien con esas ganas de preparar las salas para recibir a la gente que pasa a visitar ese espacio en donde entendemos que nada es para siempre. Temporal es ese lugar donde la experiencia que se vive ahí consigue perdurar en el tiempo, permanece en alguna parte del camino de cada artista que ha habitado esta casa, en este paso temporal que dura relativamente poco en el tiempo.

Gracias a cada persona con la que he podido conectar en este pequeño lapso, que en su momento, será un hermoso recuerdo.


Mitto Gutiérrez es actor, productor artístico y diseñador.


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