Nueva Carrera Espacial: La Guerra de los Magnates

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Por Germán Obando

Podemos ver cada vez está más cerca el sueño de volar al Espacio para el ciudadano común, una idea acariciada por muchísimas personas, pero que muy pocas han logrado hacer realidad. 

A mediados del siglo pasado las grandes superpotencias surgidas de la Segunda Guerra Mundial, enfocaron sus ojos en la conquista del Espacio, un sitio inexplorado hasta entonces, pero con gran atractivo. En él, las ideas de expansión tanto tecnológicas como ideológicas enfrentaron a los Estados Unidos y Rusia en la llamada Guerra Fría. Ambos sabían que esto aceleraría su supremacía a nivel mundial en ambos aspectos.

Gracias a esa alocada carrera (en la cual primó el carácter militar antes que el científico) la tecnología se vio impulsada de manera superlativa. En pocos años se pasó de lanzar pequeños satélites de comunicaciones a aterrizajes tripulados en la luna y al envío de sondas a otros planetas… a un alto costo de dinero y vidas.

En la actualidad, a pesar de que ambas superpotencias cooperan entre sí, su lazo es cada vez más endeble y frágil ya que no han podido superar del todo sus diferencias. Otro gigante se les ha unido en esta carrera a principios del Siglo XXI: la República Popular China. Su crecimiento económico tomó por sorpresa al mundo occidental, y su meta es obtener el primer lugar como potencia militar, económica y espacial a corto plazo.

En medio de esta vorágine de intereses entre estos tres estados beligerantes, surgió una élite de personajes acaudalados que ven en el espacio una mina de oro. De pronto, la construcción por contrato de vehículos para uso de transporte de personas, satélites, cohetes de abastecimiento y también para fundar colonias allende nuestra atmósfera, empezó a tomar forma. Se desarrolló como un lucrativo negocio en la cabeza de estos empresarios visionarios, cuyas fortunas fueron amasadas en campos muy diferentes al espacial.

Conviene entonces hablar de Jeff Bezos, CEO de Amazon, y actualmente la persona más rica del mundo, Elon Musk dueño de PayPal, Tesla Motors y Space X, así como Richard Branson dueño de Virgin Galactic.

La incursión de estos caballeros en la industria aeroespacial ha sido increíblemente provechosa, con inyección de fondos frescos con lo que la Astronáutica se ha visto beneficiada sin el engorroso tramitar gubernamental en busca de recursos y la participación de ingenieros y diseñadores de élite con mentalidad innovadora.

Así hemos sido testigos de la colocación en plazos récord de cientos de satélites para comunicaciones, cohetes de abastecimiento y carga, así como la planificación de futuras bases y estaciones lunares y, más adelante, misiones interplanetarias por medio de vehículos diseñados y construidos por estas empresas privadas.

Además, han enfocado sus esfuerzos en lograr que el espacio sea también una forma rentable de convertirse en destino turístico para los ciudadanos comunes, no solo militares y astronautas, sino todo aquel que tenga la solvencia económica para costearlo. Esto ha desembocado en una creciente carrera espacial donde cada compañía lucha por ofrecer más y mejores atractivos en sus viajes y a un costo menor.

Como nos encontramos en el amanecer de esta concepción, los vuelos serán al principio pocos y caros, rondando el cuarto de millón de dólares por pasajero, pero se espera que, con el tiempo, se conviertan en algo tan común como tomar un avión.

El enorme interés que ha despertado esta idea garantiza el flujo constante de ingresos, lo que proveerá una mayor inversión en la cantidad y perfeccionamiento de estos vehículos, aseguran sus creadores.

Es así como podemos ver que cada vez está más cerca el sueño de volar al Espacio para el ciudadano común, una idea acariciada por muchísimas personas, pero que muy pocas han logrado hacer realidad. ¿Se unirán más empresarios a esta naciente industria?… ¿Será que estamos a las puertas de poder convertir los viajes espaciales civiles en algo cotidiano y al alcance del bolsillo a corto plazo?


Germán Obando Soto es diseñador gráfico, investigador autodidacta en Astronomía y Astronáutica, además de astrofotógrafo planetario y lunar y colaborador del Planetario de San José, así como miembro de la Asociación Costarricense de Astronomía ACODEA.


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