De los Riffs a los Raps

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Por David Bolaños / Cueva
@cuevaenelbeat

¿Uno puede hacer sus propios beats y rapear? ¿Se puede ser raro y cómico, pero a la vez profundo, interesante y entretenido?

Empezaría diciendo que, a pesar de que llevo 4 años sacando discos de rap, aún no se siente correcto o preciso decir que soy un “rapero”. No es algo que me perturbe tampoco, porque es parecido a mi proceso durante 8 años en Zópilot!, una banda experimental: nunca me sentí muy “guitarrista”. 

Estoy acostumbrado a tocar y publicar música de la forma en que me sale más natural, sin preocuparme demasiado por cumplir con una lista de supuestos pre-requisitos. Tal vez por eso se me hizo natural transicionar del rock psicodélico al hip hop, aunque desde afuera parezca un cambio muy extremo.

A mí siempre me cuadró el rap (a los 8 años rapeaba todos los Poke-raps de memoria en el recreo, aunque no sé si eso cuenta), pero mientras estuve envuelto en toda la ola de indie rock de los 2010’s, caminar hacia el rap habría estado totalmente fuera de mi alcance. Mis referencias del género eran Jay-Z y Eminem. Aunque no me identificaba personalmente con ellos, me obsesioné bastante con los primeros dos discos de Marshall. 

En los tiempos en que tocaba con Zópilot!, conectamos con una banda amiga de Barcelona que se llama Boreals. Recuerdo que, en un paseo a Grecia de Alajuela, el productor del grupo comentó con una frialdad extrema algo que me cambió la perspectiva: “la guitarra es un instrumento extremadamente limitante, ¿sabe?”.

Nunca antes lo había analizado de esa forma, pero viéndolo usar Ableton para hacer todo tipo de sonidos en su computadora era evidente a lo que se refería. Ahí terminó de asentarse en mí la idea de que estaba muy cerca de tocar con una cerca creativa y que si quería seguir haciendo música interesante, tenía que aprender esta trama de hacer música con en la computadora.

Empezar desde cero

En el 2013 salió el disco Wolf de Tyler, the Creator y ese fue el big bang que me impulsó a hacer lo que me tiene aquí hoy. De repente fue como “wow, ¿uno puede hacer sus propios beats y rapear? ¿Se puede ser raro y cómico, pero a la vez profundo, interesante y entretenido? ¿Puedo explorar texturas, puedo go hard o puedo ser sentimental? Puedo ser un underdog contando mi historia”.

Por ese mismo tiempo habían salido también discos como Good Kid, M.A.A.D. City (de Kendrick Lamar), Channel Orange de Frank Ocean, y los mixtapes de PRO ERA… de repente mis playlists eran más hip-hop que rock. 

En retrospectiva, veo cómo fue la mejor decisión para mí. La movida de rock en ese momento se estancó en sus ideas, mientras que el hip-hop tomó su lugar como la cultura musical dominante y creo que la flexibilidad que trae la producción desde una computadora tiene mucho que ver con que las cosas se hayan dado de esa forma. 

Por suerte considero que “escuché el mensaje a tiempo” mientras aún estaba en mis 20’s para poder agarrar la fuerza de decir “ok, vamos a domar esta nueva bestia”. La tarea de aprender todo esencialmente desde cero fue bastante abrumadora. Comencé con los beats creo que por ahí del 2012, pero había tanto por aprender que por ese año casi que solo estuve tanteando Ableton sin ninguna dirección particular. 

Al principio estaba con hacer los beats y listo. Viniendo de una banda que principalmente tocaba rock instrumental, parecía lógico que estaría en capacidad de hacer buenos beats. 

Pero conectar con raperos ticos nunca ha sido tarea fácil para mí. Rápidamente me di cuenta de que estaba mal acostumbrado al hecho de tener una excelente relación musical con tres maes que conocía desde chamaco, y que el mundo real de buscar colaboraciones musicales es rudo, especialmente cuando mis referencias eran bastante específicas y no estaba para nada en la onda como de real OG hip-hop shit. Solo quería hacer música nueva, pero esos beats iniciales no estaban funcionando mucho para encontrar gente afín que cantara sobre ellos.

Ante la falta de progreso, decidí que entonces había que darle una oportunidad a rapear también, y así fue que empecé con mi proyecto actual: Cueva

Perder el sueño

Hice muchas canciones pero ninguna se sentía real. ¿Esto matiza? ¿Esto es rapear? En 2017 al fin sentí que tenía algo decente y tiré mi primer EP, Días de Trama. Desde entonces he seguido sacando música constantemente y, poco a poco, siento que he ido encontrando una voz y un estilo. 

Eventualmente esto me ayudó a encontrar dos artistas y amigos con quien de vez en cuando lanzo temas en colectivo, bajo el nombre El Tajo. Sin embargo, normalmente extraño bastante la dinámica de hacer música en formato de banda y la riqueza y diversión que trae ese proceso. Aún así, el hip hop me ha dado el chance de seguir expresándome a través de la música de una forma sostenible y para una audiencia más amplia, en un país donde vivir de la música es un unicornio que perdí el interés en encontrar hace tiempo.   

Creo que, parte de lo que más me gusta de hacer hip-hop o rapear es la flexibilidad y el espacio que existe aún para llegar a territorios inexplorados en busca de algo que suene propio.

Todo género tiene sus reglas y en el caso del hip-hop me parece que la base rítmica es un elemento fijo atractivo por su cualidad bailable, pero resulta más flexible a mi parecer que la producción de straight up Electronic Dance Music.

Considero que hay muchas fusiones por explorar especialmente en español; eso me mantiene usualmente motivado. Busco sonidos que me gusten y veo cómo le calzo encima rimas sobre las cosas que me hacen perder el sueño.


Sobre el autor:

David Bolaños es ex-guitarrista de la banda de rock experimental Zópilot, y actualmente produce hiphop y rapea bajo el nombre Cueva


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