Dominando el arte de hacer ciencia

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Por Jordán Villegas-Murillo
@jordanvillegasm
@cienciagrams

Si le pedimos a alguien que piense en una persona creativa, lo más probable es que figuras como Picasso, Walt Disney, Billie Eilish o Lady Gaga sea lo primero que salte en su mente. Es curioso como nadie, ni siquiera dentro del circulo científico, incluiría de primera entrada a personas como Marie Curie, Albert Einstein o Charles Darwin. Y es que piénsenlo: ¿qué vemos en nuestro cerebro cuando pensamos en una persona de ciencia? Exacto, profesionales con batas de laboratorio, mezclando químicos y resolviendo ecuaciones. ¿Suena como un trabajo creativo? No. ¿Lo es realmente? Sí, mucho.

Echemos un vistazo al pasado, y volvamos a un tiempo anterior a que naciéramos. Si buscamos a las primeras personas que se encargaban de hacer ciencia, nos llevaríamos más de una sorpresa. Desde las civilizaciones más antiguos y hasta hace relativamente poco, las personas que dominaban las ciencias eran las mismas que dominaban las letras y las artes. Así que sí, los primeros científicos eran también artistas. Eran pintores, escultores, escritores que realizaron grandes aportes al conocimiento y la cultura humana, y sentaron las bases para entender la vida como la conocemos hoy. Entonces, ¿cómo traer de vuelta esos sueños antiguos en una tierra moderna?

Para Thomas Khun, quien fue un físico y filósofo científico del siglo pasado, en la historia ocurren dos tipos de ciencia diferentes. La primera, que describe como ‘ciencia normal’, es aquella que se produce cuando las personas de ciencia se conforman con las ideas y conceptos establecidos y ‘juegan el juego’ de hacer ciencia dentro de los paradigmas de ese momento. Pero, de vez en cuando llegan personas muy creativas que no encajan en la norma y desafían las ‘reglas del juego’. Estas personas rompen los esquemas y cambian el paisaje de la ciencia. Es aquí cuando encontramos el otro tipo de ciencia de Khun: la ciencia revolucionaria. ¿Algunos ejemplos? Copérnico con la teoría heliocentrista, Darwin con su propuesta de evolución por selección natural.

Aquí encontramos un reto particular, porque en el círculo académico, muchas personas tienden a confundir la rigurosidad científica con la cuadratura del pensamiento, lo que es muy dañino para el desarrollo de la creatividad. Con esto quiero decir que, en algunos casos, en la academia existe una comodidad excesiva con los métodos y conceptos que se utilizan, y se ofrece una resistencia cuando algún agente externo cuestiona u ofrece perspectivas distintas. Se supone que las personas que trabajan en la ciencia rompen moldes y están en la frontera del conocimiento, entonces ¿por qué existe esta seguridad en refugiarse detrás de estereotipos y paradigmas?

Desde mi punto de vista, no hay mucha diferencia entre diseñar un experimento y crear un playlist o armar un outfit. Elegimos cada una de las partes cuidadosamente, pensando siempre en su función y en cómo van a trabajar en conjunto con los demás componentes. Todos estos son procesos que requieren de ingenio, análisis y creatividad.

El mundo natural es muy complejo, y los problemas científicos grandes e interesantes (como detener un virus mortal o frenar el cambio climático) usualmente son muy difíciles de resolver directamente. El arte de ser un científico involucra reimaginar constantemente estos grandes escenarios, desintegrándolos en partes mas pequeñas y solubles, para luego especular sobre cuales de esos fragmentos podrían ser clave para resolver el asunto completo. En otras palabras, las personas de la ciencia deben imaginar a priori, posibles resultados a diferentes observaciones, y luego diseñar una investigación que les ayude a elegir entre las diferentes hipótesis.

Las ciencias son creativas de la misma manera en la que lo son artes visuales, la música o la literatura, ya que los científicos tienen que usar su imaginación para proponer explicaciones a los fenómenos naturales. Por supuesto, estas explicaciones son informadas y atraviesan varios filtros que las convierten en algo más que solo suposiciones, pero esto no hace que escapen del hecho de que al final del día, son productos de la imaginación.

Las personas de ciencia construyen y cuentan historias. Unen piezas de información de una manera en que tenga sentido, de la misma manera en la que una escritora une personajes y eventos en una novela. Sin embargo, el trabajo de los científicos no termina ahí. La historia que estén contando es evaluada rigurosamente para ver si tiene sentido en la realidad en que conocemos. Puede ser complicado entender como es que la creatividad científica trabaja en la práctica. Lo cierto es que no existe una manera exacta para describir como funciona porque la ciencia es tan diversa como la imaginación y la capacidad de ejecución lo permitan.

Las necesidades actuales requieren de creatividad científica para resolver problemas en muchos espacios. Necesitamos creatividad para identificar y entender los problemas que queremos resolver. Necesitamos creatividad para diseñar un experimento eficiente y producir resultados válidos.

Muy recientemente, la academia ha descubierto que también necesita creatividad para lograr que sus hallazgos lleguen al público general y sean de utilidad para las personas. Creo que este último es un espacio al que hay que prestarle especial atención y me gustaría ver un vuelco de la atención de los científicos en esta dirección. 

Irónicamente, en una realidad donde el acceso a la información está instantáneamente disponible a través de nuestros smartphones, estamos enfrentando una ola anti ciencia y de desinformación por diferentes motivos. Vivimos en una era seminal, donde muchos muros se han roto y creo que es hora que el gremio científico cambie y ponga su atención en lo que pasa después que completan un experimento. ¿Qué pasa con esos resultados? ¿Cómo puedo hacer que la ciencia que se produce sea útil en la vida cotidiana? Creo que Cienciagrams (mi proyecto personal de cuarentena) es mi respuesta a explorar todas estas preguntas. Pensé que si puedo enfocar mi creatividad hacia crear puentes entre la ciencia y temas más cercanos a las personas, quizá la ciencia deje de ser ese espacio gris al que no muchos tienen acceso.

Quiero terminar este ensayo con un consejo que aprendí de mi cantante favorita, Marina Diamandis, y va para cualquier persona que quiera entrar en el mundo de la ciencia: no tienen que ser como todos los demás, no tienen que cambiar quienes son para ser agradables para otras personas. La ciencia parece un lugar con muchas reglas y normas -y lo es- pero eso no significa que hay que dejar que otras personas impongan su pensamiento sobre ideas heterodoxas. La ciencia es todo lo contrario. La ciencia se trata de creatividad, de nuevas perspectivas y de entender que en la diversidad está la riqueza. 

Y bueno… ¿quién sabe? Quizá mantenernos fieles a nuestra creatividad es lo que nos lleve a la siguiente era de ciencia revolucionaria.


Mi nombre es Jordán, soy biólogo y tengo 25 años. Nunca encajé del todo en esa cosa de “la academia” y más de una vez me han dicho que soy una ‘anomalía de la ciencia’ pero a mí me gusta llamarme a mí mismo como “un científico indie con metas pop”. Me gusta la idea de mezclar la ciencia con la pop culture para poder transmitir ideas complejas y poco ortodoxas a audiencias muy amplias.


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