Good Feed #67:

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¿Es posible elegir admirar a alguien?, ¿o más bien es una noción repentina, inconsciente y casi inevitable? 

Cuando se admira a alguien, se perciben acciones, formas de ser, formas de pensar que tal vez, quien admira, quisiera tener como cualidades propias. Si no las quiere tener, al menos las valora por lo que son. 

Los gestos, personalidades o decisiones que se admiran en alguien más son gratas. Poder percibirlas es  notar que son gratificantes en sí mismas. Cuando hay admiración no hace falta hacerle espacio a la envidia, sino más bien al reconocimiento por los demás, por lo que hacen, por quien son o por quien fueron, pero también por quien quieren llegar a ser. 

Siendo así, la admiración reconoce lo valioso que sobrepasa el tiempo, porque, a fin de cuentas se admira por lo que nos provoca: ¿ser alguien mejor?, ¿superarse a sí mismx?,  ¿diferenciarse por un rasgo particular e irrepetible?

Quién sabe si con la admiración es necesario que haya un afán por repetir, por tratar de lograr lo mismo, por querer ser igual. Cuando hay admiración no hace falta ponerse a comparar. Para que haya admiración debe haber antes contemplación, pero no necesariamente análisis. Porque se admira no tanto con la cabeza sino más con las emociones y, entre esas sensaciones, siempre hay espacio para la humildad, también para el asombro y, por supuesto, para el encanto.

Esta edición del Good Feed se detiene en la admiración por otras personas. Cada texto acá incluido trata primero sobre alguien más pero, a la vez, sobre quien escribe. ¿Qué sería de la persona admirada sin la persona admiradora?

Personas admiradoras escriben en esta ocasión, incluyendo historias sobre familiares suyos, antepasados, desconocidos y, también para un playlist, sobre un artista admirado (lo que se llama ser fan).

Les invitamos a leer también las columnas que sumamos para esta ocasión: la antropóloga Larissa Soto escribe sobre ese acto tan maravilloso de compartir ocasiones de comida con otras personas. María José Callejas nos lleva de la mano al vivero, para no caer en errores comunes y, por primera vez, sumamos a Idahyma Barrantes, quien es Doctora en Psicología Cognitiva de la Conducta y se adentra en el feminismo desde la perspectiva de un despertar.

La gráfica es cortesía de Elizabeth Argüello, una artista visual y muralista costarricense cuyos colores y formas le dan una identidad imperdible.

En esta edición 

El Salmón | Por Diego van der Laat

El escritor de los 1.000 ojos | Por José David Guevara Muñoz

Manos que hablan | Por Alejandro Bermúdez López

¿A quién admiro? | Por Mariana Evans Morúa

La que nunca fue doctora |Por Nath Acuña

PLAYLIST: Momentos de admiración a canciones irrepetibles | Por Rodrigo Monge

Columnas

El Despertar de las Hijas de la Tierra |Por Idahyma Barrantes

Manual de instrucciones para ir al vivero | Por Marijó Callejas, PlantCare

Cuando todo esto pase, podés venir a la casa | Por Larissa Soto


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