Guilty pleasures o el temor de cómo nos perciben los demás

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Ericka Rojas R.
@erickarojascr

Hablar de placeres culposos o guilty pleasures es, habitualmente, hablar mal de nosotros mismos. Y aunque lo hacemos en plan de broma, realmente no es muy chistoso que digamos. ¿Por qué algo que disfrutamos debería hacernos sentir culpables?

Hablar de placeres culposos o guilty pleasures es, habitualmente, hablar mal de nosotros mismos. Y aunque lo hacemos en plan de broma, realmente no es muy chistoso que digamos. ¿Por qué algo que disfrutamos debería hacernos sentir culpables?

Tengo un playlist en Spotify que escucho en modo offline. 

Leo un libro cuando voy al baño.

Yo soy Betty, la fea, me fascina. 

Y cuando me engancho con una serie, siempre me tomo un rato para ir a indagar en Internet qué es de la vida real de los actores, pero no descanso hasta no saber quién está con quién, qué tipo de publicaciones hacen en redes sociales, qué suben a las historias de Instagram (y hago todo eso sin darles follow, eso sí).

¿A qué les suena esto? ¡Placeres culposos! Exacto. Y, por ende, es la primera vez que hablo al respecto (o peor aún, que escribo).

Placeres culposos o guilty pleasures es un término que hace referencia a una actividad que disfrutamos pero que, ante la sociedad, no está bien vista, no es considerada de calidad, o simplemente no nos debería gustar, por lo que podría decir algo negativo sobre nosotros. De hecho cuando hablamos de placeres culposos es habitual usar frases tipo: “ya sé que tal serie es malísima, pero a mí me encanta”. Y aunque la frase se utiliza en plan de broma, realmente no es muy chistoso que digamos esta vergüenza autoimpuesta sobre nuestros gustos. 

¿De dónde sale esa culpa o ese sentimiento de vergüenza por algo tan inocente como ver Betty la fea en Netflix?

«Los placeres culposos nacen del temor de cómo nos perciben los demás. Porque, para bien o para mal, para las personas es muy importante encajar. Somos seres sociales y nuestras relaciones son una parte muy importante en nuestras vidas, por eso en ocasiones las personas prefieren evitar hablar de esos placeres, por ejemplo, si eso podría ponerlos en una posición vulnerable ante los demás», explica Ericka Guerrero, especialista en psicología clínica y en psicoterapia humanista integrativa.

El tema no tiene tanto que ver con los placeres como tales: con mi playlist de reguetón, con No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas (el libro que leo mientras… pues… hago mis necesidades), con la historia en Ecomoda, o con los chismes de mis actores favoritos. Tiene que ver con lo poco a gusto que nos sentimos hablando de ellos, como si de verdad tuviera algo de incorrecto. El problema está en esa etiqueta negativa que les ponemos para no parecer poco interesantes o inteligentes.

«Creemos que el valor de las personas está en saber de todo, tener un bagaje cultural rico, estudiar, utilizar el tiempo libre para actividades que aporten a nuestras vidas. Pero no hacer nada, simplemente ver una película cualquiera, descansar, cocinar o hacer mezclas raras de comida que nos gusten es importante para nuestra salud mental. De hecho, debemos buscar tiempo de esparcimiento», añade Guerrero. Es por ello que considera que darnos esos ratos para disfrutar de cualquier actividad que no requiera un valor intelectual es saludable.

No son culposos y son inevitables

Escuchar canciones pegajosas que odiamos pero que nos sabemos de memoria, mojar todo tipo de repostería en el café, ver La Rosa de Guadalupe, ponerle gorritos de Navidad al carro en diciembre, ver películas románticas, comer helados con papitas fritas, recordar cada una de las coreografías de A Todo Dar. No sé, hay tantos placeres en la vida de esos “culposos”, que es imposible enlistarlos. Especialmente porque para todos es diferente esa connotación negativa, así que en mi lista de placeres culposos fijo entrarían cosas que para otras personas no lo son, y viceversa.

Todo es tan subjetivo.

Apostaría a que nadie diría: “Les tengo que confesar que yo vi Game of Thrones”, con los ojos cerrados y llevándose las manos a la cara. Porque, como sociedad, decidimos que Game of Thrones ¿es cool?

De todos modos, el tema no es cuántos son, ni qué es más o menos cool, es cómo nos hace sentir. ¿No tenemos suficientes asuntos importantes por resolver como para velar por lo que Se dice de mí?* Y no solo eso. ¿Cómo es que no podemos ser honestos y hablar con total apertura de quienes somos realmente? 

“Ocultar información por seguridad, porque no tenemos confianza o porque no es necesario compartir todo lo que hacemos es normal. Pero no es normal sentir pena por algo que genuinamente disfrutamos o no tener confianza para comentar en familia o con los amigos cercanos sobre nuestros pasatiempos”, finaliza la psicóloga.

El placer es simplemente inevitable y la culpa totalmente innecesaria.

*Por cierto, Se dice de mí es la canción oficial de la exitosa telenovela colombiana Yo soy Betty, la fea.


Quiero hablar francés y correr otra maratón. Soy la menor de cuatro hermanas y aprendiz de nadadora. También soy periodista, productora audiovisual, marketera digital y estudiante de psicología.


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