Tres claves para una mejor salud económica

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Por Edwin Castillo

Apliquemos por analogía el tema de salud que en estos momentos todos debemos estar enfocados en cuidar. Es, a su vez también aplicable a tener una buena nutrición, abordar temas de salud financiera, salud económica o finanzas saludables. Simplemente “estar bien” es algo que concretamente abre puertas para tratar temas de gran interés y que a lo mejor ni siquiera hemos contemplado, pero que posiblemente se pueden convertir en una caja de herramientas de gran ayuda.

Iniciemos por definir a quién le podemos aplicar salud financiera: ¿a una persona asalariada?, ¿un microempresario?, ¿una pequeña empresaria?, ¿una mediana empresa del sector comercial?, ¿un intermediario financiero?, ¿una gran corporación?, ¿un profesional independiente?, ¿una institución pública?, ¿un país?  

La respuesta inmediata es: a todos. Sí; todos de una forma u otra requerimos tener salud financiera, buena salud financiera, tan buena salud como estar cuidándonos contra el COVID, tan buena como si estuviéramos con un excelente plan de salud nutricional que nos garantice la energía necesaria para nuestro buen vivir.

Para ordenar nuestras ideas debemos saber qué aspectos considerar en un buen plan de salud económica.  Un primer aspecto es el reconocimiento real de nuestra liquidez, en segundo lugar, la identificación de ingresos, gastos, inversiones y ahorros, partiendo de la gestión efectiva del dinero. Por último, hay que abordar un tercer elemento relacionado a la definición de un plan financiero, uno que optimice a futuro nuestro estado actual.

En lo que respecta a la liquidez, lo primero importante a considerar es que se refiere a la capacidad real de una persona o entidad de poder cubrir sus obligaciones en el corto plazo con lo que tiene a su favor en la inmediatez.  Ante esta situación lo primero que se nos viene a la mente es que el dinero no nos alcanza. Es ahí donde, con la debida anticipación, podemos prepararnos para establecer estrategias financieras que nos lleven a mejorar nuestra liquidez y consecuentemente nuestra salud económica.

De la caja de herramientas financieras podemos disponer del denominado flujo de efectivo que contemple la incorporación de ítems con exceso de detalle relacionados con la cantidad de ingresos y gastos que generamos (como paso inicial).  Este ejercicio se puede plantear para un mes, o bien dividir en cuatro semanas que abarcan normalmente un mes y nos brinda un panorama general de cuanto disponemos y cuanto debemos pagar para determinar si tenemos o no liquidez.  Aplicando la analogía que comenté al inicio, el manejo de una buena liquidez equivale a mantener una buena oxigenación para nuestros pulmones en este tiempo de pandemia, o bien a mantener buena hidratación tomando agua para mantener una nutrición saludable. En fin, equivale a contar con los suficientes ingresos para enfrentar nuestras obligaciones en el corto plazo.

Como si se tratase de una receta, el segundo paso para trabajar en nuestra salud económica consiste en identificar los ingresos a recibir por lo que hacemos. También la periodicidad con que recibimos el dinero, los diferentes tipos de ingresos a percibir y evidentemente el monto.  Automáticamente, y en forma paralela al flujo de caja comentado en el punto número uno, debemos incorporar en una hoja de control la información, es importante considerar que perfectamente podría ser una hoja electrónica o algún tipo de aplicación existente para esos efectos en nuestros teléfonos inteligentes, y que en algunos casos son gratuitas.

 

Realizada esa inclusión, debemos proceder al reconocimiento de los gastos, erogaciones, salidas de efectivo, egresos (todos con igual significado a la palabra gasto). Es una tarea que, sin lugar a dudas, es de las más difíciles y nos permite identificar diferentes tipos de gastos que, por llamarlo de alguna forma, son “tóxicos” para nuestra salud financiera. Es tan dañino como que una persona con diabetes consuma azúcar, o bien, que las personas no mantengamos el distanciamiento social o no utilicemos cubrebocas en este momento crucial para la humanidad.

Afinar el tema de gastos es vital para gozar de buena salud económica. En promedio, una persona tiene que dividir su dinero en más de 60 tipos de gasto a lo largo de un año (sin considerar deudas, ahorros o inversiones), cada uno con un monto distinto y con momentos y dinámicas de pago distintas. En este sentido, la mejor estrategia que podríamos utilizar en nuestras finanzas personales sería tener una estructura de gasto lo más simple posible, pero, desafortunadamente, parece más fácil decirlo que hacerlo.

Lo importante a la hora de incluir la información en nuestra hoja de control es tener certeza del tipo de gasto que debemos gestionar y aquí viene uno de los secretos para el éxito: reconocer si financieramente esa partida “nos hace daño o no”.   

Producto del análisis, que en algunos casos puede requerir solicitar ayuda profesional, lógicamente vendrá el tratamiento. Por ejemplo, si tenemos “gastos hormiga” como salir a tomar café con frecuencia, o comprar cierto tipo de artículos de forma recurrente en un supermercado, entre otros, podemos buscar la forma de sustituir, minimizar, eliminar o bien asumir, pero en menor medida ese gasto.  A manera de ejemplo, algún fumador podría determinar el monto que gasta anualmente y establecer un cambio positivo para su vida (si dejará de fumar), cuantificando el monto que dejaría de gastar, podría activar un plan de ahorro a futuro.

 

Las inversiones y ahorros siempre estarán en función de que el interesado tenga un flujo de caja positivo. Es decir, que los ingresos superen a los gastos.  Siempre debemos tener presente que las inversiones deben ser destinadas a proyectos que nos dejen una utilidad o beneficio a futuro y los ahorros para ejecutar determinada actividad que en el mejor de los casos debería estar debidamente planificada.

Por último, pero no menos importante, si tomamos como ejemplo una persona con 10 kilos de sobrepeso, además de buscar buena nutrición, lo debería complementar con actividad física.  Una persona diagnosticada con COVID buscará 10.000 formas para “salvar su vida”, quienes no han sido golpeados por esta terrible pandemia estarán deseosos de alcanzar la inmunización mediante la aplicación de la vacuna.  

 En las finanzas ocurre igual, podríamos sentirnos “ahogados”, sin esperanza, desesperados, pero el establecimiento de un plan financiero nos ayuda a encontrar esa “luz al final del túnel”. En dicho plan se combinan elementos técnicos que les he comentado anteriormente: la liquidez, el flujo de caja, los ingresos, los gastos, las inversiones y los ahorros junto a la pericia para lograr establecer asertivamente pronósticos a futuro (visión estratégica de planificación financiera).  

En un futuro no muy lejano espero poder tener el honor de compartir con ustedes una nueva cápsula para que puedan además de aportar más insumos a su caja de herramientas financieras, lograr “vacunar efectivamente” y con una sola dosis su salud económica y puedan ser felices, un día a la vez.


Soy Consultor Financiero desde hace más de 25 años, CPA, CPI, Master en Administración de Empresas con énfasis en Gerencia Financiera. Actualmente estoy cursando un Doctorado en Economía Regional y Desarrollo Económico en la Universidad Santiago de Compostela, Galicia, España.


 

 

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