BMX, una y otra vez

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Por Alejandro Araya
@alearayabmx

Hola; soy Alejandro Araya, tengo 23 años de edad, y soy un apasionado del BMX.

Desde pequeño recuerdo ser aficionado por los “aparatos” con ruedas, como los triciclos, bicis, motos, etc. Todavía recuerdo cuando transmitían en TV las fechas de motocross y yo me quedaba hipnotizado viendo a “esos locos en moto”. (Esa no es mi descripción, pero sí sé que es como algunas personas se referirían a ellos.)

Entre el 2008 y 2009, cuando tenía unos 10 años, nos mudamos de casa, y en la nueva comunidad donde vivíamos solía observar a unos muchachos que se reunían a andar en bicicleta en el parque, haciendo saltos y trucos.

En ese momento yo ni sabía que eso era un deporte que se llamaba BMX, pero me llamó fuertemente la atención. El deporte simplemente me atrajo. Me atrevo a decir que el BMX me escogió a mí, y no yo a él.

Los sentimientos de libertad, felicidad y energía que me ha dado el BMX son muy difíciles de explicar con palabras, pero, a grandes rasgos, han sido increíbles, geniales, fabulosos, y transformadores. Puede ser frustrante la sensación de intentar hacer alguna maniobra una y otra vez, y no poder concretarla. Sin embargo, la adrenalina y satisfacción que se siente al lograr completarla después de un montón de caídas, lesiones y cholladas, hace que valga la pena. 

Uno de esos momentos en que uno llega a sentir el cielo en la tierra es cuando se tiene el sentimiento que se genera al fluir por las rampas o, al recorrer el ambiente urbano mientras te olvidás de todos los problemas cotidianos. El viento te pega en el rostro y sentís que estás volando.

Todas esas emociones que me hizo sentir el BMX me enamoraron y cada día me hacía más ilusión salir a montar. Poco a poco, mi perspectiva sobre este deporte y la vida en general fue cambiando. Ya no veía el BMX como un hobby, sino como un estilo de vida. En el 2012 comencé a practicar más seguido y a tomarme el deporte seriamente, como una carrera profesional. Estaba determinado a terminar el colegio y empezar a entrenar más fuerte y profesionalmente.

Después de mantenerme entrenando y estudiando, logré ganar una competencia en categoría Amateur, y entrar a la final de otra competencia en categoría Profesional. Sin embargo, todo dio un giro cuando, a finales del 2013, tuve una caída en un entrenamiento donde me lesioné una rodilla.

No tenía idea de cuál era la gravedad, al desconocer los efectos de lo que me había pasado. Fue hasta casi cuatro meses después en que noté que había algo que estaba mal. Cada vez que intentaba volver a andar en bici sentía un gran dolor en la rodilla con mucha facilidad. Fue en el Hospital San Carlos donde un fisioterapeuta me indicó que “solamente” era un problema de meniscos. Me aseguró que con unas sesiones de natación se solucionaba el problema. Pero eso tampoco mejoró el asunto.

Apenas con 16 años, sin poder entrenar, con cada día que pasaba, aumentaba mi frustración porque observaba mi sueño alejarse. Unos 6 meses después de aquel momento mis papás me llevaron a hacerme un ultrasonido. El resultado reflejó que tenía ruptura de LCA (Ligamento Cruzado Anterior), afectación en los meniscos, afectación en el cartílago, y líquido regado. El problema era más grave de lo que podía haber pensado.

Sin bajar los brazos, inspirándome en que el BMX me ha enseñado a no rendirme y, en cambio, mantenerme en la lucha por lograr mis objetivos, comencé a buscar una solución, con la ayuda de mis papás.

Acudimos donde un doctor que sugirió hacer una cirugía para reparar el daño al cartílago y los meniscos, y postergar uno o dos años la cirugía del LCA. Resulta que los ligamentos, a diferencia de los tendones, no se regeneran, por lo que, en caso de ruptura, se debe hacer una reconstrucción de LCA. El procedimiento requiere trabajo en los huesos, algo que no era posible en alguien de mi edad, todavía en etapa de crecimiento óseo. Tres años y dos cirugías después el doctor me dio de alta y me indicó que ya podía volver a practicar BMX.

Con una emoción desbordada celebré que volvería a practicar mi pasión con mis amigos riders, retomando mi sueño. Así que tomé la bici y me fui a practicar. Sin embargo, el mismo dolor de siempre me seguía atormentando. Frustrado y decepcionado volví a consultar con el doctor quien, de mala gana, me atendió y, después de revisarme, me volvió a asegurar que todo estaba bien y que sí podía seguir en el BMX, pero yo lo intentaba y no podía. Mi rodilla seguía mal.

Una resonancia magnética mostró una re-ruptura del injerto de LCA que me habían hecho. Para este momento lo más racional que podía hacer era resignarme, vender la bici y olvidarme del BMX. Pero no… Yo seguiría luchando por volver a los pedales.

Nuevamente pasé tiempo haciendo los trámites en el hospital San Carlos para una nueva cirugía, que tendría que esperar por 7 meses más. Faltando una semana para la fecha indicada me informaron que la cirugía que yo requería no se hacía en ese hospital, por lo que me referirían al Hospital México. Así que, después de esperar casi siete meses en vano, tuve que volver a empezar el proceso para que me hicieran la cirugía en otro hospital donde fuera factible hacerlo con personal capacitado.

Una vez transcurrido el frustrante y pesado proceso, hace dos años el Dr. Daly, me hizo mi última cirugía de rodilla. Ya me dieron de alta y me encuentro en la última etapa de rehabilitación, terminando de fortalecer la articulación para volver de la mejor manera al deporte que tanto amo.  

Definitivamente el camino no ha sido sencillo. Ha implicado horas en hospitales, en rehabilitación, en gimnasio. He tenido que esforzarme por fortalecer tanto mi cuerpo como mi mente. 

Me han dicho que mi meta, mi sueño, mi ilusión es imposible, que no se puede hacer, que estoy loco, que mejor me dé por vencido y busque otra cosa. Pero todas esas personas que, al igual que yo, tienen un sueño que les quema por dentro saben que rendirse no es una opción para mí. Prefiero comenzar y avanzar hasta donde las fuerzas me lo permitan, que no haber comenzado por cobardía.

Para mí lo que hace al BMX tan especial y lo que me ha otorgado la disciplina para mantenerme firme en mi recuperación, son los valores de lucha y perseverancia que transmiten su práctica. Además, puedo salir a montar en bici libremente, conociendo nuevos lugares y nuevas personas que disfrutan de una misma pasión. 

Tengo demasiado que agradecerle a este deporte; además de grandes amigos y experiencias también me ha formado como persona, enseñándome que las situaciones, al igual que las maniobras, no siempre salen como uno quisiera. A pesar de eso, siempre debemos seguir luchando disciplinadamente y ser resilientes ante las adversidades que se presenten. Así que si usted también tiene un sueño ahí guardado, no desperdicie más el tiempo, láncese y luche por cumplirlo.

Cierro con unas palabras de Peter Henningsen sobre el BMX: “Una vez que tomás la experiencia, te convertís en adicto a la corriente de emociones que te da montar. No existen reglas ni líneas sagradas en el mundo que te hagan parar de hacerlo”. 

 


 

Motivado por el amor al deporte, y la pasión al BMX, trabajo cada día por volver a los pedales y enseñarle a otros que sí se puede. Siempre aprendiendo, sintiendo y disfrutando del proceso llamado vida al son de la música.  


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