Música, cerebro y cuerpo: una relación muy estrecha

0
380

Por Max Terán
@maxteran_desarrolloinfantil

La música tiene una influencia directa sobre nuestra actividad, productividad y sobre el incremento de nuestros sistemas de atención.

El oído y el cerebro, por tanto, las sensaciones y emociones, están más conectados de lo que usualmente creemos imaginar. La música impacta en nuestro sistema auditivo, en nuestros sentidos produciendo a nivel cerebral un despertar integral de distintas áreas y generando sustancias que acaban disparándonos emociones y sensaciones de placer, tristeza, excitación y relajación. Esta estrecha relación entre la música, el cerebro y nuestro cuerpo, no es exclusiva de los músicos, los intérpretes o los artistas. Nos involucra a todas las personas que vivimos en un mundo rodeado de sonidos, canciones, baile y movimiento.

La música se convierte en un instrumento favorecedor de la plasticidad, el aprendizaje y la reorganización neurológica.

La música ha estado presente en todas las sociedades humanas, como entretenimiento, como creación artística y como medio portador de mensaje generacional. La sensibilidad musical constituye un rasgo innato del ser humano; que forma parte de la historia individual desde antes de nacer, luego siendo bebés y hasta nuestra vejez. Siempre atraídos por sonidos agradables, displacenteros, diferentes texturas y ritmos constantemente. No podríamos categorizar estas cualidades sin la ayuda incesante de numerosas regiones (áreas) cerebrales que participan en la percepción de la música, el movimiento que esta genera y de las emociones que nos provoca.

Cada vez que escuchamos, tocamos o creamos música, nuestro cerebro se reajusta respondiendo con mayor o menor intensidad, modificando nuestro comportamiento, despertando nuestro registro emocional y estimulando nuestra memoria en muchas ocasiones. En ese mismo momento también se agita nuestro sistema motor (movimiento) y los sentidos de manera inseparable.

¿Cuándo han ido a un concierto y se quedan sin moverse? ¿Les ha pasado que una canción aparece en la radio y les despierta recuerdos, que permiten ir más allá de tan solo escucharla? ¿Han experimentado que tienen años de no escuchar una canción y cuando la escuchan recuerdan toda la letra como si fuera hoy?

El procesamiento cerebral de la música sienta bases neurobiológicas. Interpretar o escuchar música que nos gusta aumenta la producción de oxitocina, libera endorfinas y genera ondas cerebrales alfa, que están asociadas a estados de relajación y regulación del cuerpo. 

Este impacto que tiene la música en el ser humano está asentada en nuestra percepción y la producción musical, como funciones particulares del cerebro humano que dependen de una amplia red neural córtico-subcortical distribuida en ambos hemisferios cerebrales y cerebelo. ¡Sí, en ambos hemisferios de nuestro cerebro de manera simultanea! 

Este punto antes mencionado tiene más relevancia al afirmar que el ser humano (y por ende nuestro cerebro) tiene propiedades innatas para percibir y producir experiencias musicales, aun no sean las más afinadas, rítmicas o creativas tenemos la capacidad de vivir nuestra música interna.

La música tiene una influencia directa sobre nuestra actividad, productividad y sobre el incremento de nuestros sistemas de atención.

Esta cercanía con la música y nuestra capacidad de incluirla sea cual sea la dimensión o el lugar que tenga en nuestro diario vivir, es un aliado para nuestra plasticidad cerebral. A la vez, es modulada por los constantes procesos adaptativos, fruto de la estimulación ambiental a la cual nos exponemos. De esta forma podemos tener ese momento para detenernos y facilitar algunos procesos cognoscitivos tales como la memoria, la atención, regulación corporal (homeostasis), nuestra conducta y capacidad de comunicarnos. Es por esa razón que la música es el recurso, el puente y la intervención de la cual nos apoyamos los Musicoterapeutas para establecer, potenciar y rehabilitar habilidades sociales, emocionales, motoras y sociales en las personas. 

Debido al creciente interés por los efectos de la música en diversas áreas, surgen disciplinas como la musicoterapia. La cual, como recurso terapéutico, busca descubrir potenciales y/o restituir funciones del individuo para que se alcance una mejor organización intra o interpersonal y, consecuentemente, una mejor calidad de vida. En la práctica clínica diaria la musicoterapia se aplica en una gran cantidad de trastornos. Entre ellos, para la población adulta, el manejo del estrés, ansiedad, depresión, resolución asertiva de conflictos y autoconocimiento, científicamente sustentados por estudios en neurociencia.

La creatividad musical es un proceso personal, original y novedoso que requiere un pensamiento dinámico, de conexión con nuestro cuerpo y nuestra pausa diaria. Toda cercanía musical, ya sea a través de instrumentos, el baile o simplemente escuchar nuestro ”playlist” favorito es un ejemplo de espacio creativo que, como experiencia, involucra permanentemente nuestro cerebro. ¡Empecemos a tener espacios musicales y desarrollar nuestra creatividad, sin importar nuestra edad! 

Para iniciar este proceso creativo con la música, los invito a despertar su capacidad expresiva y receptiva con la música. Les propongo una actividad muy enriquecedora, perfecta para estos tiempos pandémicos que nos ha obligado a reconectar con nosotros mismos. Sin duda es una buena estrategia de autoconocimiento y que les permitirá conectar con el presente, el pasado y mejores herramientas de afrontamiento durante este periodo incierto.

Actividad: Historia sonoro musical

¿Qué se necesita? Crear una lista en Spotify o en YouTube (o similares) -> Mi historia Sonoro Musical 

¿Qué debo hacer? La historia sonora musical es como una “biografía musical individual” y consiste en dividir nuestro “playlist” en etapas de nuestra vida ( infancia, adolescencia, adultez/joven, adultez, vejez). La idea es ir agregando y recolectando toda la música de esa etapa de nuestra vida. Música que escuchábamos, que estaba en nuestro día a día, que nos recuerda algo, que nos cantaba algún familiar… toda esa música la irán agregando al playlist. Y en los momentos de productividad laboral, momentos que dedican a ustedes mismos o oportunidades de estar en compañía pueden dedicarse esas canciones. Sin duda la memoria, los recuerdos, las imágenes y las emociones aparecerán como un espacio de autoconocimiento y crecimiento.

Dato: ¡puede quedar muy larga, no importa! ¡Mejor!


Max Terán Simeone es Musicoterapeuta clínico & neurológico.

max@interapiacr.com


 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí